Advierten que antes de cualquier esquema de privatización es urgente resolver fallas técnicas estructurales. El deterioro actual de la red vial nacional proyecta un costo de reconstrucción multimillonario para el futuro cercano.La situación de las rutas nacionales 22 y 151 se ha convertido en el espejo de una problemática que amenaza con extenderse a todo el territorio argentino: el colapso de la infraestructura vial por falta de mantenimiento y la incertidumbre sobre modelos de gestión privada que no ofrecen soluciones inmediatas.

Mientras el debate oficial se centra en la transferencia de estos corredores a sistemas de concesión, expertos y usuarios advierten que el nivel de destrucción de las calzadas ha alcanzado niveles críticos, superando cualquier registro histórico reciente.

Un deterioro sin precedentes técnicosA diferencia de años anteriores, donde las falencias viales eran parciales o localizables, el estado actual de las rutas 22 y 151 presenta desafíos técnicos de una magnitud inédita. La falta de ejecución de obras de bacheo profundo y repavimentación durante la presente gestión ha derivado en una degradación estructural que no se soluciona con mantenimiento ligero. El diagnóstico es claro: antes de pensar en quién administrará los peajes, es imperativo resolver los aspectos técnicos de base, ya que recibir una traza destruida bajo un esquema de concesión solo trasladará el costo de una reconstrucción gigante al bolsillo del usuario, sin garantías de ejecución real.

El costo de la «herencia» vial post-2023Existe una preocupación creciente sobre el legado que quedará tras la finalización del actual ciclo político en materia de transporte. La parálisis de la obra pública ha generado un efecto dominó donde el ahorro fiscal de hoy se traduce en un gasto exponencial para el mañana.

Volver a los estándares de seguridad y transitabilidad previos a 2023 —que, aun con sus deficiencias, garantizaban una circulación razonable— demandará inversiones que superan ampliamente los presupuestos operativos normales. Lo que antes era una reparación programada, hoy se ha transformado en la necesidad de reconstruir trazas completas desde cero.Privatización bajo sospecha.

El modelo de concesión propuesto para estos corredores clave genera escepticismo entre quienes transitan la región. La experiencia indica que las empresas privadas suelen mostrar reticencia a realizar inversiones de capital intensivo en rutas que ya se encuentran en estado de colapso. El temor radica en que el sistema de peajes sirva únicamente para el sostenimiento burocrático de las cabinas, mientras que las obras necesarias para salvar vidas queden, una vez más, en el limbo de las «promesas por cumplir».

En este escenario, las rutas 22 y 151 se consolidan como el ejemplo más gráfico de un país que está perdiendo su conectividad terrestre. La desidia estatal no solo afecta la seguridad vial inmediata, sino que hipoteca el desarrollo productivo de las regiones involucradas, dejando una infraestructura destruida que requerirá de un esfuerzo nacional masivo para ser recuperada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *