Este 8 de marzo nos encuentra en una de las encrucijadas más determinantes de nuestra historia como trabajadoras viales. Lejos de cualquier concesión a la cortesía o al intercambio de flores y saludos vacíos, esta fecha nos convoca desde su raíz más profunda: la de la conmemoración de una lucha obrera que costó vidas y que forjó derechos que hoy vemos bajo un ataque sistemático.

La incertidumbre se ha instalado en nuestras oficinas, talleres y campamentos y hay mucho por lo cual organizarse. El origen del Día Internacional de la Mujer Trabajadora es el recordatorio de que ningún derecho nos fue regalado, y esa memoria es hoy nuestra principal herramienta de defensa frente a una gestión que parece ensañada con el desmantelamiento de lo público.

La realidad que atravesamos en Vialidad Nacional es angustiante.

Estamos asistiendo a una política de asfixia institucional que se manifiesta en la falta de tareas, en el vaciamiento de funciones y en la amenaza latente de un cierre que despojaría al país de su conectividad federal y nuestras fuentes de trabajo donde cumplimos un rol fundamental.

En este escenario, la oferta de retiros supuestamente voluntarios no es más que una presión forzada sobre nuestra estabilidad económica y emocional. Se intenta quebrar nuestra identidad como trabajadoras, empujándonos a abandonar una carrera que construimos con esfuerzo en un ámbito históricamente masculinizado, donde cada espacio ganado fue una conquista de cada compañera.

El retroceso de derechos que se vive a nivel nacional impacta con doble fuerza sobre nosotras. Cuando el mercado laboral se precariza y el Estado se retira, son las mujeres quienes quedan en la primera línea de la vulnerabilidad. No podemos permitir que la crisis sea la excusa para barrer con las licencias, las escalas de equidad y los protocolos de protección que supimos construir.

Por eso, este editorial es un llamado a la unidad inquebrantable. Frente al intento de fragmentación y al miedo que busca inmovilizarnos, respondemos con la convicción de que Vialidad Nacional se defiende desde adentro, con la presencia firme en cada puesto de trabajo.

Nuestra labor es una tarea que no puede ser reemplazada por la lógica del mercado.

Este 8 de marzo, las mujeres viales exigimos respeto a nuestra trayectoria, continuidad en nuestras funciones y el cese de cualquier política que pretenda convertir nuestra dignidad en una variable de ajuste.

Este 9 de marzo convocamos a todas las compañeras a marchar con el resto de trabajadoras donde nos plegaremos a la convocatoria efectuada por organizaciones de todo el país. Bajo la consigna «Abajo la reforma. No a la precarización de la vida», las trabajadoras y disidencias locales llevarán su reclamo a las calles para denunciar el impacto directo de la actual reforma laboral en la cotidianidad de quienes sostienen la economía, tanto en los lugares de empleo formal como en los territorios.

La concentración se realizará a las 17:00 horas en la explanada de la Municipalidad de Santa Fe. Desde allí, la columna marchará por calle Salta hacia Urquiza, con un punto de inflexión fundamental frente a la Legislatura Provincial.

En la calle como indica nuestra propia historia, seguimos de pie.

Silvia Inés Velazquez

Secretaria de la Mujer, Derechos Humanos e Igualdad de Género

Sindicato del Personal Vial de Santa Fe

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