La parálisis operativa de Vialidad Nacional ha trascendido los despachos oficiales y los tribunales para manifestarse como una realidad peligrosa y tangible sobre el asfalto. Tras completar un extenso recorrido de casi seis mil kilómetros por el corazón productivo de la Argentina, el dirigente Juan Grabois ha visibilizado un diagnóstico que coincide milimétricamente con las advertencias técnicas que la Federación del Personal de Vialidad Nacional (FEPEVINA) viene formulando desde hace meses. El itinerario, que abarcó las provincias de Córdoba, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero y Santa Fe, expone un escenario de abandono sistémico donde la red vial troncal ha dejado de ser una garantía de conectividad para transformarse en un mapa de riesgos crecientes. Este deterioro uniforme, que Grabois describe como una regresión alarmante, es el resultado directo de una política que ha priorizado el ajuste financiero sobre la preservación del patrimonio físico de la Nación. Los datos técnicos del informe de FEPEVINA proporcionan el sustento estructural a esta denuncia territorial. Según el relevamiento del sindicato, el 70% de la Red Vial Nacional se encuentra hoy en estado regular o malo, una cifra que se traduce en baches profundos, banquinas descalzadas y una señalización inexistente. La coincidencia entre la percepción del usuario y el dato del especialista no es casual: refleja la interrupción total del mantenimiento preventivo bajo la premisa de «obra pública cero». Mientras el Gobierno Nacional intenta presentar este desfinanciamiento como una medida de austeridad, los técnicos viales advierten que se trata de una «estafa técnica». Se permite que las capas estructurales del pavimento se agoten, lo que multiplicará por siete el costo de reconstrucción en el futuro cercano, socializando las pérdidas y el peligro mientras se subejecutan los fondos específicos del Impuesto a los Combustibles.+1 El recorrido por las provincias del norte y el centro del país pone de relieve cómo el desmantelamiento de Vialidad Nacional afecta desproporcionadamente a los corredores neurálgicos para la producción. La falta de presencia de las cuadrillas del organismo, que hoy enfrentan procesos de retiros voluntarios forzados y desvíos de funciones hacia la mera fiscalización privada, ha dejado rutas clave a merced del tránsito pesado sin control. Esta situación genera un círculo vicioso de degradación: al no haber mantenimiento, el deterioro se acelera; y al acelerarse el deterioro, el riesgo de siniestralidad se dispara. Lo que Grabois define como una vulnerabilidad crítica es la consecuencia de haber convertido a la infraestructura nacional en una variable de ajuste, ignorando que la seguridad vial es un derecho humano y una obligación indelegable del Estado que no puede ser sustituida por la lógica del mercado o el peaje. Finalmente, el contraste con años de inversión previa se vuelve evidente ante la magnitud del retroceso actual. La estrategia de comunicación oficial, que intenta diluir la responsabilidad del presente apelando a una supuesta desidia de décadas, choca con la realidad de una red que hasta hace poco funcionaba como el soporte del crecimiento económico. El vaciamiento de Vialidad Nacional, denunciado tanto en las calles por las organizaciones sociales como en los informes gremiales, busca naturalizar el abandono para justificar la entrega de las trazas a concesionarias que solo operarán los tramos rentables. La denuncia de Grabois tras su recorrido federal refuerza la urgencia de declarar la Emergencia Vial Nacional, entendiendo que el estado de las rutas es el síntoma más visible de un modelo que está desarticulando la integración territorial y la soberanía técnica en nombre de un superávit fiscal que se paga con el patrimonio y la vida de los argentinos. Navegación de entradas Vialidad Nacional bajo asedio Los recursos de Vialidad Nacional caen un 70%