A pesar del reciente ultimátum presidencial, las empresas del sector vial sostienen que el proceso de concesión está paralizado por el incumplimiento de una asistencia financiera prometida por el Ministerio de Economía, dejando a los nuevos operadores sin el respaldo necesario para asumir el mantenimiento de las rutas. El endurecimiento del discurso de Javier Milei contra las empresas concesionarias —a quienes emplazó a «poner la plata» o abandonar el negocio— oculta una trama de compromisos gubernamentales no ejecutados que explica la actual parálisis del sistema. Según fuentes del sector, la convocatoria original para que las empresas privadas se hicieran cargo de los corredores nacionales no se basó exclusivamente en la inversión propia, sino en una promesa explícita de asistencia financiera y esquemas de garantías que el ministro de Economía no terminó de formalizar. Este «bache» entre la retórica de la Casa Rosada y la realidad de la cartera económica ha generado un clima de desconfianza, donde las compañías se muestran reticentes a activar las obras de mantenimiento sin la certeza de que el Estado cumplirá con el soporte crediticio o los mecanismos de compensación que fueron el eje de las primeras mesas de negociación. Para las operadoras viales, el escenario ha mutado de un modelo de asociación público-privada a un ultimátum unilateral que ignora la falta de financiamiento internacional disponible para Argentina. El emplazamiento de Milei ocurre en un momento donde la parálisis de los fondos prometidos por el Palacio de Hacienda ha dejado a la cadena de pagos en una situación límite. Las empresas sostienen que la infraestructura nacional, tras años de desinversión, requiere de una inyección de capital que no puede ser absorbida únicamente por la recaudación del peaje, especialmente cuando los marcos regulatorios y tarifarios siguen siendo inciertos. La ausencia de la asistencia financiera prometida ha transformado lo que debía ser un traspaso ordenado en un conflicto de poderes, donde el Gobierno presiona para desprenderse de la responsabilidad de las rutas mientras el mercado espera el cumplimiento de los incentivos pactados. Esta desconexión interna en la administración nacional tiene consecuencias directas en la seguridad de los usuarios. Mientras la presidencia exige celeridad y el Ministerio de Economía mantiene cerrados los grifos de la asistencia, los «puntos negros» en las rutas nacionales continúan deteriorándose, como se observa en los litigios judiciales de las rutas 3 y 34. La estrategia de Milei de «forzar» la inversión privada mediante el emplazamiento público podría derivar en un estancamiento mayor si las empresas consideran que las condiciones de rentabilidad no compensan el riesgo de un Estado que incumple sus promesas financieras. En última instancia, la crisis vial ya no es solo una cuestión de ingeniería o de caja, sino un dilema de credibilidad política donde el cumplimiento de la palabra oficial es el único puente posible hacia una concesión exitosa Navegación de entradas Vialidad Nacional niega muertes en la Ruta 3 y responsabiliza a los conductores por la siniestralidad Vialidad Nacional en crisis: Denuncian hostigamiento y una parálisis deliberada del organismo