Con casi el 70% de las rutas en estado regular o malo debido a la falta de inversión pública, el país enfrenta la temporada alta con una infraestructura deteriorada que ya arroja récords de accidentes en corredores clave, como las Rutas Nacionales 11 y 34.

​El inicio de la temporada de vacaciones de verano encuentra a la red vial argentina en un estado de emergencia crítica, exacerbado por la paralización de la obra pública y la drástica reducción del mantenimiento. Diversos informes de observatorios viales y organismos provinciales coinciden en señalar que, actualmente, casi la mitad de las rutas nacionales se encuentran en mal estado, un factor que se traduce directamente en un alarmante aumento de los siniestros viales a lo largo del territorio. La situación pone en riesgo a los millones de turistas y ciudadanos que utilizarán estos corredores para trasladarse durante el período estival.

​La desinversión sostenida de los últimos meses, sumada a la falta de continuidad en las obras de mejora y repavimentación, ha provocado un rápido deterioro en la calzada, manifestado en la proliferación de baches profundos, deformaciones en el asfalto y una señalización deficiente. Expertos de la Fundación Profesional para el Transporte indicaron que la crisis se cobra anualmente más de 5.000 vidas, y se estima que cerca del 70 por ciento de los accidentes fatales están íntimamente relacionados con las malas condiciones de los caminos. Enero, el primer mes de las vacaciones, históricamente registra la mayor siniestralidad fatal en regiones clave como el Centro, NOA y Patagonia.

​Las Rutas Más Afectadas por la Crisis y los Accidentes

​Si bien la problemática es generalizada, algunas rutas nacionales son señaladas recurrentemente por su deplorable estado y su alta concentración de víctimas. El foco de alarma se centra especialmente en la provincia de Santa Fe, un nudo logístico crucial. Las Rutas Nacionales 11 y 34 han sido calificadas como «corredores de la muerte» por las autoridades provinciales, concentrando la mayor siniestralidad del territorio santafesino. Solo en 2024, estas dos trazas registraron un alto número de víctimas fatales, con la Ruta 34 a la cabeza por el índice de incidentes. Los gobernadores han reclamado sin éxito la transferencia de la gestión de estos caminos a las provincias o la inmediata reactivación de los fondos federales, argumentando que no pueden utilizar recursos propios para cubrir la desidia nacional.

​Otros corredores que evidencian problemas críticos y que serán intensamente utilizados por los turistas son la Ruta Nacional 40 y la Ruta Nacional 3, fundamentales para el acceso a la Patagonia. Asimismo, la Ruta Nacional 7, especialmente en el tramo de Alta Montaña, ha sido objeto de pedidos legislativos para que se declare la emergencia vial y se realicen atenciones inmediatas por la acumulación de problemas derivados de la falta de mantenimiento. La situación general subraya que la promesa de un superávit fiscal no se traduce en la seguridad vial para el ciudadano, obligando a los conductores a extremar las precauciones en rutas obsoletas y en peligroso estado de abandono

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