El Secretario General del Sindicato del Personal Vial de Santa Fe, habla con la certeza de quien conoce el terreno. No desde un escritorio: desde los 13 mil kilómetros de rutas nacionales que Vialidad Nacional debería mantener y que hoy están, en su mayoría, en estado regular o malo. El 70% de la red vial, advierte, se deteriora mientras el gobierno busca formas de reducir al organismo que podría atenderla.

El retiro voluntario aprobado por resolución conjunta de las secretarías de Transformación del Estado y de Hacienda no lo sorprende. Bertolotti lo ubica en una secuencia lógica: primero el intento de disolución por decreto, ahora esta «posibilidad entre comillas» para los trabajadores.

El cambio de estrategia no modifica el objetivo. Lo que no se logró de golpe, se busca por desgaste. La presión salarial, el desfinanciamiento de la obra pública, la eliminación de la negociación colectiva: todo conspira para que el retiro aparezca como única salida posible.

El dirigente gremial pone el acento donde suele faltar. No en la retórica sobre el tamaño del Estado, sino en el conocimiento técnico que se pierde. Vialidad Nacional formó generaciones de ingenieros, técnicos y especialistas que no se reemplazan con cursos a distancia ni con contratos temporarios. La experiencia de los cierres de escuelas técnicas pesa en su memoria sindical. Ya se vivió algo similar. Ya se sabe cómo termina: con rutas intransitables y con trabajadores que deben improvisar soluciones sobre el terreno sin los recursos ni el respaldo institucional.

Bertolotti no cuestiona la decisión personal de quienes se acojan al retiro. Entiende la situación individual: salarios que no alcanzan, presión laboral, incertidumbre. Pero distingue claramente entre la elección del trabajador y la política del gobierno.

El primero responde a una coyuntura que no creó. El segundo diseñó esa coyuntura como método. El sindicato no puede obligar a nadie a quedarse, pero sí puede nombrar lo que ocurre: un ajuste encubierto bajo eufemismos de voluntariedad.

El dato que aporta el entrevistado desarma cualquier argumento sobre falta de recursos. Cada litro de combustible que carga un argentino deja un 28% en un fideicomiso específico para mantenimiento y reparación de rutas. Ese fondo existe, se recauda, pero hace dos años que no se utiliza.

El dinero está. La voluntad política de mantener la infraestructura vial y los puestos de trabajo que la sostienen, no. Mientras tanto, los accidentes y las muertes en rutas deterioradas se acumulan como consecuencia previsible de un desmantelamiento que se niega a nombrarse como tal.

La perspectiva desde Santa Fe, desde el sindicato de base, permite ver lo que los comunicados oficiales ocultan. No se trata de modernización ni de eficiencia. Se trata de un organismo que se vacía desde dentro, mientras el dinero que podría financiarlo permanece congelado en alguna cuenta del Estado. Bertolotti lo dice sin dramatismo excesivo: con la precisión de quien lleva años midiendo el desgaste del asfalto y de los derechos laborales.

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