El Boletín Oficial trajo una resolución que huele a despedida. Desde la Federación del Personal de Vialidad Nacional (FEPEVINA) advierten que el programa de retiros voluntarios anunciado por el Gobierno nacional es, en rigor, una puerta de salida forzada. No es la primera vez que el organismo encargado de mantener los 13 mil kilómetros de rutas argentinas mira hacia atrás para encontrar su propia historia de resistencia. Los trabajadores saben leer entre líneas. La resolución exige renuncia expresa, desistimiento de todo reclamo administrativo o judicial, y una prohibición de reingreso al Estado que se extiende por cinco años. Es decir: borrarse del mapa laboral con mano propia, aunque el guion lo escriba otro. La Federación lo define sin vueltas: no es un beneficio, es expulsión encubierta. El contexto no es nuevo. El intento previo de disolver Vialidad Nacional por decreto fracasó ante la presión gremial y los límites legales. Ahora, la estrategia mutó. La presión laboral, los salarios pisados por debajo de la línea de pobreza y el desgaste psicológico de años sin reconocimiento hacen el trabajo sucio que el decreto no pudo completar. Quien se va, se va vencido, no convencido. La memoria sindical del organismo remite a décadas de colectivismo en zonas donde el Estado solo llega en forma de asfalto y mantenimiento. Los trabajadores de Vialidad Nacional son, en muchas regiones, los únicos funcionarios federales con presencia estable. Conocen los puentes, los taludes, las curvas peligrosas de memoria. Ese saber técnico no se transmite en cursos ni se descarga en manuales: se construye en el territorio, entre temporales y guardias nocturnas. Perder esos puestos implica algo más que números en una planilla: es la desaparición de experiencia que no se recupera. La resolución agrega un detalle que duele en el bolsillo y en la dignidad: las indemnizaciones se pagarán en cuotas. En un país donde la inflación licúa los salarios antes de que cierre el mes, esa modalidad convierte la compensación en promesa incierta. Lo que hoy alcanza para una vivienda, mañana puede no cubrir un alquiler. Los gremios hablan de estafa disfrazada de retiro, y la palabra no es retórica. El llamado de FEPEVINA apela a la calma y a la consulta con los sindicatos de base. No firmar con apuro ni con miedo, repiten. Defender cada puesto es defender la institución que, pese a todo, sigue manteniendo los caminos que unen el país. En el fondo, la disputa es por el sentido mismo del trabajo público: si debe ser precario y desechable, o si merece la estabilidad que permita planificar una vida mientras se planifica una ruta. Navegación de entradas El vaciamiento del saber: Los retiros voluntarios en Vialidad Nacional como estrategia de demolición estatal Marcelo Bertolotti y la ruta del desmantelamiento