La comunidad de Catriel, en el norte de Río Negro, protagonizó este fin de semana un histórico abrazo simbólico a la Ruta Nacional 151, una arteria vital para la industria hidrocarburífera conocida como la «ruta petrolera». La movilización de los vecinos y organizaciones civiles surge como respuesta extrema al estado de deterioro terminal que presenta la calzada, la cual se ha convertido en una sucesión de baches, deformaciones y falta de señalización, transformándola en una de las trazas más peligrosas de la Patagonia. El reclamo ciudadano busca visibilizar una situación de desinversión que afecta no solo la producción regional, sino fundamentalmente la vida de quienes la transitan diariamente. El origen de esta acción colectiva se encuentra profundamente marcado por la tragedia. El testimonio de familiares de víctimas fatales, como el de la madre que perdió a sus dos hijos en un siniestro reciente, ha funcionado como el motor de la indignación popular. Los relatos de quienes han sufrido pérdidas irreparables en «segundos» subrayan que el estado de la ruta 151 ha dejado de ser un problema logístico para convertirse en una crisis de seguridad pública. Los vecinos denuncian que las promesas de repavimentación han sido sistemáticamente incumplidas, mientras el flujo de camiones pesados vinculados a Vaca Muerta continúa erosionando la cinta asfáltica sin que existan tareas de mantenimiento básico por parte de Vialidad Nacional. Este malestar social cuenta con un fuerte respaldo político regional. El gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, junto a intendentes de localidades afectadas, formalizó una demanda judicial contra el Estado Nacional por el abandono de la ruta. La acción legal señala que la falta de intervención configura un incumplimiento de los deberes de asistencia y conservación, responsabilizando a la administración central por los accidentes ocurridos. En paralelo, mandatarios de Río Negro y La Pampa trasladaron el reclamo directamente ante el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, a cargo de Diego Santilli, exigiendo definiciones sobre el futuro de la traza ante los rumores de una posible privatización que no garantiza soluciones inmediatas. El abrazo simbólico en Catriel representa el punto de saturación de una sociedad que ve cómo la riqueza generada por el petróleo circula por una ruta que devuelve muerte y roturas materiales. La demanda de los manifestantes es unívoca: la transferencia de la ruta 151 a un esquema de concesión privada o la delegación de obras a las provincias debe ser inmediata y real, antes de que el invierno agrave aún más las grietas del asfalto. Mientras tanto, la comunidad permanece en estado de alerta, advirtiendo que las medidas de fuerza podrían endurecerse si los compromisos asumidos en las oficinas de Buenos Aires no se traducen en máquinas trabajando sobre el terreno. Navegación de entradas Rutas Nacionales entre la autogestión local y el mercado La Justicia Federal intimó a Vialidad Nacional por el abandono de las rutas nacionales en el sur santafesino