Un violento temporal expuso la fragilidad de la infraestructura urbana, con calles anegadas que obligaron a rescatar personas de sus vehículos, mientras se denuncia la falta de mantenimiento de Vialidad Nacional y el impacto del desfinanciamiento en la prevención de este tipo de catástrofes evitables. Un intenso temporal de lluvia que azotó en las últimas horas a un sector de la provincia de Buenos Aires dejó un saldo de situaciones dramáticas, con calles completamente anegadas que obligaron a particulares a realizar intervenciones de urgencia. La imagen más impactante fue la del rescate de una persona atrapada en su automóvil, cuyo techo tuvo que ser literalmente roto para poder sacarla de la trampa de agua que cubría el vehículo. Este episodio, que afortunadamente no terminó en tragedia fatal, puso en el ojo de la tormenta la histórica falta de mantenimiento en puntos críticos de la red vial, una problemática que se agrava ante el profundo desfinanciamiento que sufre Vialidad Nacional bajo la actual administración. Una país sin Estado se ve así. Panamericana cuyo mantenimiento y drenaje depende de Vialidad Nacional inundada. La gente arriba de los techos regulando el mercadopic.twitter.com/avtEkPOmU8— Arrepentidos de Milei (@ArrepentidosLLA) December 24, 2025 La magnitud del anegamiento, que transformó avenidas en verdaderos ríos, no puede explicarse únicamente como una «catástrofe natural». La ausencia de limpieza en sumideros, la falta de obras hidráulicas preventivas y el deterioro generalizado del sistema de desagües pluviales son los verdaderos responsables de que cada lluvia intensa se convierta en una amenaza para la vida y los bienes. El personal de Vialidad Nacional admiten que el organismo atraviesa uno de sus peores momentos presupuestarios, con recortes drásticos que impiden llevar a cabo tareas de mantenimiento esenciales y proyectos de infraestructura que son vitales para prevenir este tipo de desastres. La política de «retiro del Estado» de sus funciones de obra pública y conservación se presenta aquí en su dimensión más cruda: lo que se «ahorra» en inversión y personal se paga con vehículos destruidos, hogares inundados y, lo más grave, con el riesgo inminente de pérdidas de vidas humanas. Este panorama pone en entredicho el argumento oficial de que el mercado resolverá por sí solo las falencias de infraestructura, demostrando que la ausencia de control y la falta de financiación estatal son directamente proporcionales al nivel de vulnerabilidad de la población. El drama vivido en las calles de Buenos Aires es un recordatorio severo de que la infraestructura no es un gasto superfluo, sino una inversión crucial en la seguridad y el bienestar de la ciudadanía. La desidia estatal, lejos de ser un concepto abstracto, se materializa en la imposibilidad de salir de casa, en la angustia de ver el patrimonio arrasado por el agua y en la necesidad de romper un techo para rescatar a un semejante. No fue una fatalidad del clima, sino la consecuencia de años de abandono que se profundizan bajo un modelo que parece olvidar que la gestión pública tiene responsabilidades ineludibles en la protección y la previsión ante eventos que, con la inversión adecuada, dejarían de ser desastres para convertirse en meras inclemencias. Navegación de entradas Así como en las rutas, en los rieles El Gobierno designa a un médico para conducir Vialidad Nacional en Jujuy