El anuncio del cierre de la Dirección Nacional de Vialidad por parte del Gobierno Nacional no es sólo un golpe a miles de trabajadoras y trabajadores. Es también el intento de clausurar una parte fundamental de la historia argentina: la de un Estado que, a través de sus propias manos, construyó rutas, conectó pueblos y garantizó derechos allí donde el mercado no llegaba.

Fundada el 5 de octubre de 1932, Vialidad Nacional nació con un mandato claro: planificar, construir, conservar y administrar la red vial nacional, entendida como un bien público estratégico para el desarrollo del país. Lo hizo durante décadas, incluso en los contextos más adversos. Lo hizo con planificación y sentido federal. Y lo hizo con trabajadoras y trabajadores comprometidos, formados, parte de cada rincón del país.

Desde sus inicios, la Dirección fue mucho más que una oficina: fue una herramienta de integración nacional. No hay provincia que no haya sido atravesada por su trabajo. No hay comunidad que no haya visto llegar una máquina, una cuadrilla, una escuela técnica vial. Vialidad no sólo tendió rutas; tendió vínculos entre regiones, economías, culturas y personas.

Durante los años más duros del país, Vialidad Nacional fue sinónimo de Estado presente. Con sus campamentos, sus equipos, sus trabajadores de campo y de oficina, supo sostener el tejido de rutas incluso cuando todo se caía alrededor. Y cuando vinieron los planes privatizadores, resistió. No sin costos, pero con la convicción de que el camino no puede ser una mercancía.

Hoy, 92 años después, intentan ponerle fin por decreto. Dicen que es por eficiencia, por achique, por modernización. Pero lo que buscan es borrar la capacidad del Estado para construir futuro, para garantizar derechos, para estar donde el negocio no llega. Quieren rutas sin trabajadores, gestión sin presencia territorial, país sin federalismo.

Pero una historia como la de Vialidad no se borra con un decreto. Está escrita en el asfalto, en los puentes, en los operativos de invierno, en cada señal colocada, en cada emergencia atendida. Está escrita también en la memoria colectiva y en la dignidad de quienes la sostuvieron todos estos años.

Desde nuestro sindicato, decimos con claridad: defender Vialidad Nacional es defender el trabajo, la soberanía y la Argentina profunda. No estamos dispuestos a resignar lo que costó décadas construir. No vamos a dejar que nos arrebaten un pedazo de país.

Porque sin caminos no hay Nación. Y sin Vialidad, no hay caminos.

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