Tras el intento de disolución y frente al cinismo de una supuesta modernización laboral, los trabajadores viales reafirman el rol del sindicato como la última frontera frente a la desigualdad estructural del poder patronal. Formar parte de Vialidad Nacional hoy es habitar un presente de tensiones constantes, donde el alivio por haber frenado la disolución del organismo en el Congreso, en aquellos minutos agónicos de las últimas sesiones, dura apenas un suspiro. Quienes llevamos la responsabilidad gremial sobre los hombros sabemos que, superado ese trance amargo que pretendía borrar de un plumazo la historia de nuestro trabajo, la tregua no existe. Hoy nos enfrentamos a un nuevo ataque que se disfraza bajo un nombre tan cínico como el resto de las políticas de este gobierno: la modernización. Detrás de ese rótulo marketinero se esconde la verdadera obsesión del capital, que es terminar con el laburo sindical, ese escollo que les jode porque es el único capaz de equilibrar fuerzas que son, por naturaleza, profundamente desiguales. El poder de la patronal es una realidad que no requiere demasiada descripción para cualquier trabajador que pone el cuerpo día a día, pero lo que muchas veces se intenta desdibujar es que los derechos sindicales no son una concesión graciosa del poder, sino un logro esculpido en décadas de lucha. Estos derechos no vinieron gratis; fueron el resultado de muchas y muchos compañeros que se jugaron el pellejo para proteger al conjunto, entendiendo, como nos enseñó la famosa historia de Oesterheld, que nadie se salva solo. El ataque al sindicato es, en realidad, un ataque a la posibilidad misma de la defensa colectiva. Hoy vemos a un poder político cebado, envalentonado por haber logrado engañar a una parte del pueblo con una retórica que, aunque cambie de nombre según la época, siempre elige a las mismas víctimas: los trabajadores. El objetivo final es desarticular la organización social para que el individuo quede desamparado frente a la prepotencia del Estado y las corporaciones. Sin embargo, en Vialidad Nacional conocemos de resistencia y sabemos que la modernización que ellos proponen es, en realidad, un retorno a la indefensión más absoluta, un intento de quebrar la voluntad de quienes garantizamos la conectividad y soberanía de nuestro territorio. Por eso hoy, más que nunca, la quietud no es una opción para nuestra identidad en esta Historia. Debemos salir a las calles a pelear por lo que nos corresponde, no solo por nuestro presente inmediato, sino porque estamos parados sobre los hombros de gigantes que nos precedieron en esta tarea de dignificar el trabajo. Tenemos una historia que honrar y un legado que proteger para los que vendrán después, para que cuando miren hacia atrás encuentren un gremio que no bajó los brazos ante el cinismo del ajuste. Los que pretenden que aceptemos nuestra propia miseria olvidan que el pueblo trabajador argentino tiene memoria y tiene calle. Estamos habitando un lugar central en esta historia de disputa por el sentido de la justicia social y, a pesar de los anuncios rimbombantes y las amenazas de reforma, deben saber que aquí no está dicha la última palabra. Pablo Nasime Secretario Gremial Navegación de entradas Crónica de una Lucha: Un Año de Salarios Congelados y la Batalla Judicial que Forzó al Gobierno a Negociar en Vialidad Nacional Vialidad Nacional: El desplante oficial en sede judicial profundiza el conflicto paritario