El inicio de las tareas conjuntas de bacheo entre el municipio de Santa Isabel y la delegación de Vialidad Provincial sobre la Ruta Nacional 143 pone en evidencia la consolidación de un mecanismo de transferencia de costos que asfixia a los estados locales.

https://www.instagram.com/p/DZaGwsAjmxy/?igsh=and6aGE1dHNhbnZl: El costo del bacheo local: el vaciamiento nacional que financian los municipios

La intervención de emergencia en el tramo que conecta la localidad con el acceso a Algarrobo del Águila responde al estado de deterioro crítico de la calzada, cuyo abandono por parte de la administración central transformó el sector en un peligro inminente para el tránsito regional.

Ante la parálisis absoluta de los fondos de conservación vial por parte del Gobierno nacional, las estructuras comunales —que representan el eslabón más débil y con menores recursos de la cadena institucional— se ven obligadas a desviar sus partidas presupuestarias corrientes para asumir la reparación de una infraestructura que excede por completo su jurisdicción legal.

Este traspaso de obligaciones de hecho expone la distorsión económica sobre la cual se edifica el promocionado superávit fiscal de la administración central.

El Estado nacional continúa percibiendo los impuestos específicos y los gravámenes a los combustibles diseñados originalmente para el financiamiento de la red caminera federal, pero retiene esos recursos en las arcas del Tesoro en lugar de ejecutarlos en el territorio.

Esta dinámica obliga a los intendentes a elegir entre la parálisis de los servicios municipales básicos o la inversión forzada en el asfalto nacional para evitar tragedias viales y garantizar la conectividad de sus comunidades.

Al absorber los costos de la desinversión, los municipios terminan financiando de manera involuntaria los balances contables de la Nación, asumiendo la carga operativa de sostener transitables las rutas productivas del país sin recibir compensación alguna.La recurrencia con la que se repiten estas intervenciones comunales en distintas provincias de la Argentina refleja una peligrosa naturalización de la anomia institucional y el abandono estatal.

La opinión pública asimila la sustitución de funciones como una respuesta cooperativa ante la crisis, omitiendo que la delegación forzada de la obra pública vacía los recursos locales y precariza la calidad de las reparaciones viales, que pasan a depender de parches asfálticos paliativos en lugar de repavimentaciones estructurales.

Al desentenderse de la red vial y forzar a las intendencias a tapar los baches con recursos propios, el modelo centralista consagra un paradigma de despojo fiscal donde las ganancias de la recaudación se concentran en el poder central, mientras que las consecuencias físicas y los costos del deterioro se distribuyen de forma desigual entre las golpeadas economías del interior del país.

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