La Federación del personal de Vialidad Nacional (FEPEVINA) alerta que la falta de inversión y mantenimiento elemental ha convertido las carreteras federales en un factor de peligro extremo para el turismo invernal. Los datos duros contradicen la teoría del «deterioro de arrastre».

Con el inicio del receso escolar de invierno, millones de familias se disponen a transitar por la red de rutas del país. Sin embargo, este año el viaje turístico incorpora un factor de riesgo inédito debido al estado general de las calzadas. Desde la Federación señalan que las condiciones de transitabilidad alcanzaron un piso histórico debido a la parálisis presupuestaria que sufre el organismo federal de conservación.

Un diagnóstico basado en datos, no en percepciones

La advertencia respecto a la inseguridad vial no constituye una mera opinión sectorial, sino que responde a relevamientos estadísticos propios del personal técnico de las distintas regiones. Según detalló el secretario adjunto de FEPEVINA, Fabián Catanzaro, las cifras de conservación son las peores de las que se tenga registro técnico:

  • Estado general de la red: El 70,75% de las rutas nacionales en todo el país se encuentra actualmente en estado «regular» o «malo».
  • Aceleración del deterioro: Si bien la infraestructura vial presentaba deficiencias previas, el estado de la red nacional hace exactamente tres años (mediados de 2023) arrojaba que el porcentaje de rutas en condiciones regulares o malas se ubicaba en torno al 35% o 40%. La suspensión total de los contratos de bacheo y conservación en los últimos meses duplicó el porcentaje de trazas dañadas, llevando al sistema a lo que los técnicos definen como un «punto de no retorno».

En sus declaraciones Catanzaro advirtió sobre la gravedad del escenario de cara al flujo turístico:

«Estamos en un triste nivel histórico en Vialidad Nacional, hoy tenemos un 70% de la red vial en mal estado. En todo el país no hay provincia ni ruta nacional que se salve. Nos quieren mostrar que no aumentaron los siniestros y se han triplicado las víctimas fatales».

Asimismo, en diálogo con diferentes medios del país el dirigente gremial enfatizó el impacto técnico de la falta de previsión:

«Estamos llegando a un cuello de botella que se está haciendo insostenible desde el punto de vista de la seguridad vial y de los recursos. La falta de mantenimiento acelera el deterioro del pavimento y provoca que intervenciones menores se transformen en obras de rehabilitación mucho más costosas».

El impacto local: el caso testigo de Santa Fe

La situación nacional se refleja con especial crudeza en el territorio de la provincia de Santa Fe, que cuenta con una de las redes viales nacionales más transitadas debido al flujo de carga pesada hacia los puertos.

De acuerdo con datos técnicos publicados por un informe propio de la Federación, de los 2.700 kilómetros de rutas nacionales que surcan la provincia, más del 53% se encuentra en condiciones deplorables. Los puntos de mayor riesgo de cara a los viajes de invierno se concentran en tres corredores:

  1. Ruta Nacional 34: Presenta una elevada tasa de siniestros debido a la deformación de calzada en zonas de frenado y la falta de pavimentación de banquinas para maniobras de emergencia.
  2. Ruta Nacional 33: Registra fallas estructurales profundas (hundimientos de base) que inutilizan las reparaciones superficiales de bacheo frío.
  3. Ruta Nacional 11: Cuenta con baches de gran envergadura en su tramo norte que obligan a los vehículos a reducir la velocidad a niveles mínimos o transitar directamente por banquinas naturales.

Pérdida de capacidad operativa y el desvío de fondos

La explicación del colapso no radica en una falta de recursos teórica, sino en la subejecución y el redireccionamiento de fondos específicos. Desde FEPEVINA denuncian que los fondos recaudados mediante el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) —cuya finalidad específica por ley es el financiamiento de la infraestructura vial— no están siendo derivados a Vialidad Nacional, sino al Tesoro para sostener el superávit fiscal.

A esto se suma que el organismo federal de mantenimiento ha perdido más de un 25% de su personal especializado entre despidos y retiros no cubiertos, sumado a la falta de insumos mínimos como emulsiones asfálticas, repuestos de maquinaria y combustible para las cuadrillas de los distritos provinciales.

Bajo estas condiciones, la tradicional recomendación de tránsito de las vacaciones de invierno —que solía limitarse a «revisar luces y frenos»— hoy incorpora de forma obligatoria la necesidad de estudiar de antemano el mapa de baches y deformaciones de calzada para evitar siniestros graves ante la ausencia total de auxilio e intervención del Estado federal.

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